Doctrina Social

Febrero 2011

La única doctrina social que sirve es aquella que favorece la aparición de condiciones sociales proactivas.

Una que apunte toda la energía disponible a la preparación y fertilización de un campo donde florezcan en abundancia el trabajo estable y bien pago, la ética del estudio, del mérito y de la autovaloración individual. Una doctrina que confíe en nuestra gente. Soltando el dogal a la mayoría no-corrupta para dejar aparecer los estímulos económicos que harían a la sociedad florecer en personas que se sientan únicas, valiosas, realizadas e irrepetibles trascendiendo la infantil identificación en masa irresponsable; capaces de elevarse espiritual y materialmente por su esfuerzo y para sus familias. No es difícil. Sólo requiere sentido común social y una buena campaña publicitaria, centrada en no votar a quienes impidan el surgimiento de esas condiciones.

Hace ya 200 años, el economista francés Jean Baptiste Say definió su famosa Ley: El crecimiento en todas las sociedades depende del estatus del empresario porque es el único que combina las innovaciones científicas, el trabajo y el capital. Por tanto las únicas políticas económicas eficaces son las que liberan de forma duradera al empresario.

La desocupación, la indigencia, la des-educación, el atraso general y los subsidios, manotazos o planes “correctores” desesperados que son aquí moneda corriente desde hace décadas, pueden atribuirse sin riesgo de error a la larga sucesión de gobiernos que optaron por hacer caso omiso del sentido común que implican las palabras de Say.
Como la política no se orientó a liberar la creatividad y el espíritu innovador del empresario -en especial de los micro empresarios en proyecto- allanando obstáculos tales como los frenos impositivos, laborales o crediticios, se afectó en forma grave el potencial de crecimiento de la economía real, con los resultados conocidos.

La gente que sabe esto y guarda silencio, los que consienten (en cualquier grado y con cualquier excusa) a dirigismos que dan más y más poder al fisco, son colaboracionistas de los regímenes totalitarios (disfrazados de democracia republicana) que venimos padeciendo y que -hoy sabemos- siempre estuvieron “calzados” en la perpetuación de la pobreza.
Colaboran dándoles un poder innecesario que beneficia de tal manera a jerarcas, mafiosos y a hombres de negocios corruptos, que resulta estúpido esperar sea ejercido con mesura. Colaboran así con el sufrimiento y la demolición de esperanzas de la parte más desprotegida e ignorante de nuestra sociedad, avalando este suicidio colectivo con negación de la realidad. O simplemente intentando “ganar tiempo” en el vano propósito de no reconocer sus yerros. Porque el otro camino pasa, claro, por decir la verdad y encarar un patriotismo inteligente.

No tiene lógica aguardar por la cuadratura del círculo. Nunca fue posible burlar las leyes de la economía. No existe una cosa tal como “vía intermedia solidaria” entre capitalismo y socialismo que extraiga y fusione lo mejor de ambos mundos, como que no existe, en referencia a la salud humana, un compromiso entre vida sana y droga. Mucha droga mata y un poco de droga daña pero lo mejor para una vida larga y saludable es no introducir narcóticos en absoluto, alimentarnos bien… y mantenernos proactivos.
A los efectos de crear y distribuir riqueza social a gran escala, toda la experiencia económica acumulada (y en particular la del último siglo) revalida una y otra vez la extraordinaria eficacia del libre comercio, de la libre inversión y movilidad, de la sociedad abierta y tolerante, del respeto por los derechos de propiedad y renta o de lo voluntario e innovador primando por sobre lo coactivo y centralmente planificado.
En definitiva: de lo pacífico primando por sobre lo violento validando todo un sistema de libertades -o liberal- que, donde fue cabalmente aplicado, siempre promovió crecimiento y movilidad social; moderadas si su instrumentación se acotó y más impactantes (como en China o India) en aquellos sectores donde el grifo capitalista se abrió con mayor convencimiento.

Los frenos a la movilidad social y económica, sin excepción, son los componentes violentos, socialistas, obligatorios bajo amenaza de prisión; los más primitivos -diríamos- o con más cercanía a lo simiesco, a la caverna y al garrote para instrumentar la exacción impositiva (siempre involuntaria) o las “leyes” que favorecen a algunos a costillas de todos (siempre resistidas), imponiendo la “redistribución” forzosa de ganancias (y hasta de capitales). Violencias, como es lógico, jamás impulsoras de un “más para todos”. Contraproducentes incluso para generar siquiera un “algo para los más necesitados” ya que poniendo los perros detrás del trineo sólo se logra un empuje caótico, altamente ineficaz, tan saturado de ladridos y mordeduras como escaso de avances.

El patriotismo inteligente que reordene a los perros delante del trineo, favoreciendo un avance veloz en la creación de una Argentina poderosa (y voluntariamente inclusiva) es aquel que, con la mente enfocada en sacar de la pobreza e ignorancia al mayor número en el plazo más breve, castigue severamente en opiniones y votos a los políticos que propongan más de la misma estúpida violencia anti-empresa. A los partidos que ya fracasaron. A los personajes de “linda sonrisa” o aspectos “serios e inteligentes” que sólo fueron y son felpudos colaboracionistas, recitadores de frases hechas. O a todos los “buenudos/as” que insistan en sostener las mismas ideas de paleo economía intervencionista, estatista o populista que van empujando a nuestro país hacia la ciénaga de los más atrasados, resentidos y delincuentes del ranking mundial.

La actual doctrina fiscalista y anti libre-empresa es, claramente, la mejor doctrina anti pueblo y anti desarrollo.