Circuitos Simiescos

Enero 2011


Más de siete años de gobiernos K.
Miles de valiosos días desperdiciados desde que E. Duhalde consiguiera, apenas, estabilizar hacia 2003 el desastre del 2001 del que (en su turno populista) fue responsable la Alianza radical-socialista. Tarea lograda mediante el aporte masivo de impuestos extraídos, una vez más, del complejo agro exportador.

Tiempo K desperdiciado incluso en cuanto al objetivo de mínima de hacer de la Argentina un país con menos pobres.
8 millones de pobres más 4,5 millones de indigentes, según cálculos conservadores y en ausencia de mediciones oficiales no falseadas, hacen el espectacular 31 % actual que, sobre 40 millones de connacionales, ratifica el veredicto lapidario de fracaso para este nuevo turno de incapaces.

Si nuestros gobernantes hubieran aprovechado al 100 % las muy favorables condiciones económicas del mercado internacional, la Argentina ocuparía hoy el lugar de consideración mundial y de superpotencia en ciernes del que está disfrutando Brasil. Un país con problemas mucho más serios pero cuya economía nos supera 5 veces y que, hacia 1930, ostentaba un PBI… 28 % inferior al nuestro.

Aún si hubiesen aprovechado a medias el muy afortunado viento de cola que todavía tenemos, no habría aquí pobres ni indigentes. Pero no: confisca la propiedad de tu prójimo, redistribúyela con fines electorales y habrás cocinado… una crujiente lucha de clases. Eso fue -y es- mucho más redituable para la nomenklatura político/empresario-cortesano/sindical gobernante.

El hecho es que para asegurarse impunidad y permanencia en el poder, nuestros políticos dejaron de lado toda oportunidad de despegue. Se eligió, en cambio, cabalgar sobre esa ola de alta demanda internacional de alimentos y materias primas quedándose con la renta reinvertible del complejo agro biotecnológico, petrolero y minero (más retenciones anti-exportación e impuestos superpuestos sobre el capital mediante) y con la del resto del mismo empresariado competitivo (altos impuestos a las Ganancias, Ingresos Brutos y Cheque mediante) más la renta de toda la población en general (altos impuestos al Valor Agregado e Inflación Deliberada mediante). Y se eligió saquear (¡otra vez!) las cajas jubilatorias, las reservas del Banco Central y succionar hacia el Estado todo crédito obtenible para financiar así un festival de subsidios y “planes” clientelistas cruzados, la compra de voluntades editoriales, judiciales, legislativas, barrabravistas, municipales y provinciales, el falseamiento de los precios relativos y el planchado del dólar entre muchas otras incoherencias espanta capitales.

De ambiente pro-inversiones, innovación de riesgo empresarial, excelencia escolar y universitaria en simbiosis con nuestro potencial exportador o simplemente… de amor a la patria queriendo verla poderosa como antaño, ni hablar. ¡Vade retro; todo eso viene de la mano de elevadas ganancias particulares, pocos negociados, libertad laboral y seguridad jurídica!
Mejor este recalentamiento inducido de la economía que inyecte gas a la falsa fiesta consumista de algunos sectores sociales (no los más necesitados), en un afilado anzuelo electoral caza-bobos.

La economía, sin embargo, es una ciencia vengativa que no perdona errores y que, por desgracia, no obedece la autorizada voz de mando de la Sra. Cristina ¿o era Isabel? Da igual: el pastel explosivo para el que venga está armado, pues, con un sabroso condimento: el largo repliegue policíaco-judicial frente a delincuentes comunes, políticos mafiosos y cortadores de calles.

Que la decadencia es nuestro norte con socialismos “habladores” similares a este, no nos cabe duda. El “crecimiento” que tuvimos durante estos miles de días fue prácticamente cero considerando el aumento vegetativo de la población y la mentira estadística. Es algo que se ve por doquier. Apenas igual al de otras decenas de países emergentes por el favorable contexto que nos tocó en suerte, pero a gatas recuperando los índices productivos y de capacidad instalada que habían caído a pique tras el neo colapso radical de principios de siglo. Se trató de resultados muy modestos, logrados a pesar del estorbo estatal.
Con inteligencia y honestidad (escondidas pero existentes en nuestra sociedad, por cierto) ese crecimiento debió haber estado en el orden del 20 % anual acumulativo.

Sin inversiones masivas, sin innovación capitalista masiva, sin apuntar a una sociedad de propietarios masiva, sin microcréditos y maxicréditos sustentables a largo plazo, sin un respeto masivo por los derechos de propiedad… no hay crecimiento real. Y aquí no hubo nada de eso.

El modelo peronista (y populista en general) está basado no sólo en la sinvergüenzada sino en la ignorancia y aún en la imbecilidad: crear una situación en la que la mayoría de los argentinos no pueda vivir sin depender del Estado es el modelo del enfrentamiento de facciones por los trozos restantes de un pastel que no se multiplica y del sometimiento total del sistema de libre empresa, único creador de riqueza. Algo que marcha a contrapelo del sentido común y, como ya es costumbre aquí, de toda la experiencia mundial acumulada al respecto.

Un sistema percibido como ineficaz e inmoral, pero del que la parte más subsidio-dependiente de nuestra sociedad teme salir. Aunque si seguimos en esta ausencia de reflexión seria sobre el mercado del empleo el único camino posible será el que ya estamos transitando: el de la violencia social. Y cuidado; atención religiosos e instituciones de caridad: esa desconfianza generalizada -en aumento- en las relaciones laborales y sociales envenena incluso la solidaridad.

El destino de la Argentina, hoy un país pobre, está atado al grado de su globalización. La satanización de esta y de la economía competitiva que surgiría del trío demanda especializada, inversiones y empresarialidad con eficiencia dinámica (vulgo: capitalismo liberal), sirve para galvanizar los temores sociales en torno de líderes incapaces y/o corruptos que, hallándose aún en la era del simio, no pueden sino prolongar nuestra agonía.

Repensemos con gran cuidado, otra vez, nuestro próximo voto.