Revolucionarios y Oportunistas

Abril 2009

Es lugar común de sabiduría popular afirmar que las crisis generan oportunidades. Una Argentina decadente y arruinada, que se debate entre manotazos de ahogada con el segundo peor gobierno de su historia (el primero, aún más divisionista, dañino y pisoteador de derechos transcurrió entre 1945 y 1955), clama por esa oportunidad. Y la confusión económica mundial podría ser, vista con alguna perspicacia, un pasaporte dorado con destino directo a la economía de la abundancia.

Por muchas razones, nuestro país está mejor preparado que otros para dar un salto de calidades y cantidades que, obviando etapas, nos coloque en pocos años entre el pelotón de vanguardia sin apelar a sacrificios extraordinarios. Excepto el sacrificio político e intelectual de colgar el orgullo en el perchero, admitiendo que nos fue mal porque durante más de 7 décadas hicimos del resentimiento y la deshonestidad nuestras pulsiones rectoras.
Toda una revolución mental por cierto, a primera vista imposible. Aunque a segunda vista podría no serlo tanto ya que el período kirchnerista tiene la dudosa virtud de estar haciendo visible hasta para los más tontos, los horrores morales y económicos del populismo (o fascismo socialista).
La república bajo ataque, sacude las conciencias y corazones de millones de argentinos de bien.

El mundo desarrollado se encuentra en problemas. Se trata de una crisis provocada por la siempre torpe intervención del Estado (esta vez el norteamericano) en el mercado de capitales a través del consabido, pedante despliegue de prohibiciones y ordenanzas regulatorias y contrarregulatorias inconducentes. (1)
El resultado de este dirigismo consiste y seguirá consistiendo en un impactante freno a la actividad económica, alta desocupación y… más estatismo.
No ocurrirá otra cosa ya que las superestructuras gubernamentales de Estados Unidos, la Unión Europea, China, Japón y demás potencias emergentes junto con las instituciones supranacionales del tipo de las Naciones Unidas o el Fondo Monetario están dirigidas por una muy numerosa y bien paga casta de burócratas que no permitirá que poder y privilegios se les escapen de las manos.
No importa que la solución correcta esté en dejar quebrar a banqueros irresponsables, inversionistas angurrientos y deudores imprudentes. La solución conveniente es más gasto público que pase por sus manos, salvando o estatizando a bancos, empresas y particulares aprovechadores, con dinero succionado de impuestos pagados por millones de contribuyentes que nada tuvieron que ver.

Planteado el derrotero de la crisis, deberíamos entonces ser, aparte de revolucionarios, oportunistas aprovechando la estupidez ajena para catapultarnos hacia arriba. Dejemos que los gobiernos del Primer Mundo exploten a sus pueblos y detengan así sus economías como mejor les parezca.
Argentina debería reinventarse como la alternativa distinta, la opción inteligente a la falta global de sentido común. La viveza criolla podría mostrar su lado constructivo, al menos por una vez.

Abramos nuestra nación a las riquezas indecisas de todo el orbe para hacer estallar nuestra cacareada potencialidad en una generación. La nuestra. Usemos sin culpa el dinero acumulado durante años por otras sociedades quitándoselo a nuevos desarrollos en sus propias industrias o en otras regiones.

Aprovechémonos sin escrúpulos del miedo a las caídas accionarias, a la pérdida de valor de las propiedades en países centrales y a los altos impuestos sobre capitales y ganancias.

Quebremos la solidaridad mafiosa con sistemas bancarios y financieros que funcionan en complicidad con Estados que violan los derechos a la privacidad documental y a la absoluta libertad en las transacciones.

Ignoremos las quejas que vendrán de gobiernos fiscalistas y parasitarios convirtiendo a nuestro país en verdadero paraíso fiscal, refugio de fortunas, destino de negocios, meca de inversiones y centro financiero internacional con una legislación de avanzada para el control del dinero sucio combinada con el mayor respeto por las decisiones y bienes de los inversionistas.

Cortejemos el afán de ganancias y la ambición de extranjeros millonarios y empresas exportadoras en busca de expansión integrada facilitando el ingreso y absoluta protección de sus patrimonios en nuestro territorio. Si el dinero no tiene banderas, prestémosle la nuestra y que trabaje para nuestra gente.

Sustraigamos capitales de investigación, cerebros, artistas y emprendedores creativos a las sociedades más ricas del globo ofreciéndoles el entorno de libertad, apertura mental y respeto por la propiedad intelectual y económica más apropiado para su desarrollo.

Quitemos trabas al libre comercio, regulaciones laborales retrógradas e impuestos a propios y extraños, acercándonos a las presiones tributarias más bajas del planeta. Su consecuencia directa será el crecimiento exponencial de nuestra producción, seguida del crecimiento exponencial del bienestar de nuestro pueblo.

La gradualidad de estos cambios no debería superar los tiempos de un período de gobierno. Brindemos seguridad jurídica y estabilidad institucional con un Parlamento renovado que -para empezar- tome las riendas del desquicio actual plantándose con firmeza en algunas nuevas, pocas y expeditivas reglas consensuadas. Sin ceder ante la Presidencia ni ante la Corte frente a intentos de frenar el beneficio de sus representados.
Apartándonos de la confusión mundial, del apriete a los ciudadanos honestos de los países desarrollados y del juego vil de la costosa nomenklatura internacional podríamos mutar en “mosca blanca” del mundo, usando los errores ajenos en nuestro propio y directo beneficio.

Aunque tenemos el capital de inteligencia (escondido entre la actividad privada) suficiente como para manejar el caballo desbocado en que se transformaría nuestra nación lanzada a un crecimiento vertiginoso, esto es por ahora solo política-ficción.
Debemos sin embargo tener presente que las utopías inspiran, movilizan, entusiasman y cambian puntos de vista sobre cuestiones en las que el voto ciudadano puede ir marcando tendencias. Apoyando a los candidatos menos estatistas, por ejemplo.


(1) para más detalles, ver art. crisis de Octubre 2008